viernes, 18 de abril de 2014

Borgeana prenoción…

Confío que el encuentro que tuve con Borges haya dado sus esperados dividendos…

Mientras vivía yo reflejado en sus espejos, sus jardines y senderos… él no pudo percibir mi atribulado sentir…; y yo, y yo no tuve la osadía de seguir con mi sueño…

jueves, 16 de enero de 2014

A ti...


Hay quienes hacen poesía…

Los hay también quienes –incluso, y a pesar de ellos mismos– soportan esa mágica dualidad y aprenden a coexistir con ella en sus infinitos mundos.

Sin embargo existen quienes, sin ser poetas, son dignos merecedores de un poema…

Esos escritos llevan tu nombre…

¿Lo sabías?


sábado, 30 de noviembre de 2013

Alondra, tu grato nombre


Casi nunca tenemos la suficiente sensibilidad para percibir lo que el destino, sutilmente, nos da a leer entre líneas… En esta ruleta de la vida, en algún momento, un inesperado juego de azar está siempre reservado para cada uno de nosotros: solo tenemos que jugarlo.
Esta crónica pertenece a ese delicado momento en el que la perspicacia y la  emoción se fusionan ––inconscientes y sin inconveniente alguno–– en el círculo del tiempo, viendo solo el inicio, sin vislumbrar el final; como un delicado salto al vacío, pero sin paracaídas…
Ese salto al vacío, ese final, es un albur, una caja de pandora, una necesaria apuesta por la incertidumbre… Podríamos salir favorecidos, podríamos salir perjudicados… lo que no podemos dejar de hacer, es dejar de saltar al vacío… con o sin paracaídas…
En mi particular caso, creo que salí favorecido.

Veamos porqué...
Tardé veinte años en darme cuenta de que Alondra no llegó a mi vida para estar, sino para permanecer… Ese algo más que necesitaba para mi vida, llegaría ––precisamente y sin advertirlo–– en ese feliz  y exacto momento en el cual la conocí.
¡Y Alondra llegó!
Llegó un día cualquiera, un día de esos tantos... En algún momento, en algún lugar.
Llegó tarde, muy temprano, quizás a tiempo. ¡O nunca llegó! Aunque siempre estuvo…
Lo cierto es que llegó, entre lágrimas y risas, con pudor y picardía, con su habitual e ilimitada alegría, esa que esconde el silencioso y noble duelo con las enigmáticas sombras punzantes del ayer…
Llegó como mi más íntima amiga, como mi fiel amante confidente.
Llegó entre guirnaldas luminosas…  como la mejor parte de mis días.
Llegó alumbrada por la tenue luz de lo privado, en la implacable oscuridad de lo secreto, entre el abismo y la cumbre…


Nos enamoramos mil veces ––de propios y extraños––, y nos perdimos otras tantas, dándole lugar a otra infinidad de opciones. Entonces creímos encontrar el amor, ese que solo dura tres meses… el que está rotulado de amor eterno, de verdadero amor. Sin embargo, esta curiosa y fatigada vida de todos los días, de la magia y de la lógica, me enseñaron que lo que llaman el verdadero amor, está destinado a morir gracias al fuego que emana de su propia hoguera…
Luego de transitar por esos avatares supimos que, para volver a tenernos, era necesario perdernos para siempre…Y así fue.

♣ ♣

Alondra, veinte años después…

¿Sería importante el tiempo si es que éste se detuviese y se quedase como mejor queramos? No, creo que no; es más, sería maravilloso. Alondra y yo confiscamos nuestro mejor tiempo en nuestra fiel y grata memoria. Olvidamos el tiempo sombrío, el que fue necesario vivirlo; o, mejor dicho, padecerlo.
¿Juntos o cercanos?
En nuestro caso, juntos no es sinónimo de cercanía. Alondra y yo no estamos juntos, sino metafísicamente próximos, cerca, en la realidad sensible, así como en la más cruda e implacable distancia.

¿La receta?
Creo que fue imaginar el amor primero… en lugar de querer sentirlo antes…
Entendimos que la única velocidad que existe para atraparlo ––¡y para siempre!-–-, es la velocidad de la sorpresa… Ésta es implacable.
Y esa sorpresa era tan simple como esta:
Hablar de algo para luego olvidarlo…
Ganar el tiempo perdiéndolo…
Vivir el ahora, el hoy, entendiendo que el futuro no existe, menos para el amor.
Que no hay los para siempre, pues estos adjetivos viven en el futuro, en el mañana, que es siempre incierto, cambiante y dinámico, no es estático.
Por otro lado, jugábamos a convertirnos en dioses, para luego renunciar a serlo.
¡Un auténtico deleite!
Disfrutábamos del tiempo mágico, escindíamos el real, el lógico.
Subíamos a los cielos y descendíamos a los infiernos en exactos momentos…
Abrazábamos ––siempre y con mucha humildad–– los períodos complicados, desesperanzadores, los que aparentemente no tienen escapatoria, agradeciendo a nuestro buen Dios por la asignada prueba.

♣ ♣

Todos tenemos días introspectivos, muy íntimos; días donde las preguntas existenciales priman sobre nuestros pensamientos menos trascendentes. Esas preguntas habitan dentro del alma de cada uno, dentro de nuestro YO superior, dentro de nuestra más elevada conciencia.


Alondra fue y es el fiel motivo para liberar esos interrogantes…




martes, 26 de noviembre de 2013

Entre el “Siento” y el “Entiendo”



Breve divagación y/o ensayo transitorio.
Duración: apenas mil dudas, alguna que otra certeza y la memoria impune de aquel sábado abstracto y añil Heliópolis ya al amanecer…


En ocasiones, nos es preciso dirimir y resolver en el acto heterogéneas situaciones con relación a nuestro vasto mundo interno y al no menos propio y seguramente menos mágico mundo-universo exterior; entre la elección de una falsa y efímera “certeza” divagada… y una realidad inescrutable, solo existe un suspiro… no más. Gran dilema, por cierto, pues entre el “Siento” y el “Entiendo” y sus respectivas contradicciones, entre lo que es preciso y lo que no lo es, siempre habrá un conflicto; dicotomía inalterable y dramáticamente obvia las más de las veces…

jueves, 10 de octubre de 2013

El sentido de pertenencia...


Solemos usar el “mi” desde el sentido de la posesión, desde la unilateral visión que tenemos del sentido de pertenencia.

Ahora bien:

Imaginemos, por un instante, nominar ese “mi” como una parte de nosotros mismos, sintiéndolo y sabiéndolo parte de uno, pero jamás creyéndolo exclusivamente nuestro…

Serìa mejor, ¿no lo creen?